| Stephen Sunday "Sunny" - Historia |
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There are no translations available. Cuando Stephen Sunday Obayan, con 15 años, llegó al aeropuerto Charles de Gaulle, en París, el mundo entero se le vino encima. Cuatro horas antes, había cogido un avión en Lagos, capital de Nigeria, se había despedido de sus padres y les había dicho: «Me voy a Europa porque quiero ser grande». Un tipo le había prometido probar con algún club de la liga belga y Stephen vio en aquel agente una mano casi divina: «De pequeño, veía la televisión y rezaba 'Dios, quiero jugar en el Chelsea'». Sus padres eran pobres, pero se endeudaron un poco más y pagaron el billete. Su presunto salvador se comprometió a recibirle en la terminal.
Jamás apareció. Y Stephen Sunday Obayan, alias Sunny, se vio de pronto solo, a 20 kilómetros de París, cargado con una maleta, sin apenas dinero y sin nadie cercano a quien pedir auxilio. Sunny recordó entonces que dos amigos suyos, Elvis y Lloyd, vivían en las afueras de Madrid. Así que les llamó y les contó la situación. «Vente, aquí hay sitio para ti», le respondieron. De modo que cogió su petate, puso rumbo a la capital de España, se acomodó en casa de sus compatriotas y vació su cabeza de sueños de grandeza: debía buscarse la vida, como un 'sin papeles' más. Pero el fútbol, que le había driblado en París, le aguardaba en el rincón más inesperado de su biografía. En Madrid conoció a un tal Peter, que dirigía la selección de nigerianos que participaba en el llamado 'Mundialito de la Emigración'. No era el Chelsea, ni tan siquiera el Brujas belga, pero aquel equipo aficionado le permitiría recobrar por un tiempo su entusiasmo infantil, cuando el balón botaba en los campos de tierra de Lagos y soñar era aún posible. Stephen Sunday se colocó en el mediocentro, su puesto natural, y comenzó a jugar con decisión y profesionalidad, casi furiosamente, como si quisiera cobrarse muchas deudas pendientes. Sunny mandaba, cortaba, pasaba, chutaba, disfrutaba..., pero jamás hubiera supuesto que su futuro estaba sentado en aquellas gradas. Un ojeador del Polideportivo Ejido, que entonces militaba en Segunda División, se fijó en aquel jovencísimo chaval, envió unos informes elogiosos y el club lo reclutó. Cuando Sunny volvió a coger su maleta para viajar a Almería, supo que, por fin, había llegado su oportunidad. Para desentrañar la madeja legal en la que estaba metido (un menor nigeriano sin papeles que pretendía jugar al fútbol), el Poli Ejido ideó una solución pintoresca, pero eficaz: la Junta de Andalucía asumió la tutela de Stephen Sunday y el gerente de la entidad deportiva, Juan José Molero, se convirtió en su padre de acogida. Sunny supo coger aquel inaudito tren: aprendió español en la Universidad de Almería, se ganó un puesto en el equipo titular, consiguió la nacionalidad española, llegó a debutar con la selección sub-20 de su nuevo país, llamó la atención de los grandes clubes y fichó por el Valencia. Tras pasar por Osasuna, ahora juega en el Betis, en Segunda División. |



